¡Qué lo varcias!

        En Valdevarnés somos así de palabroteros utilizando vocablos. En lugar de decir “vacías” decimos “varcias” (del verbo vaciar).

        Lo que ahora os cuento ocurrió hace muchos años, no habíamos nacido ninguno de los que actualmente mantenemos el tipo sobre la tierra. Esta historia la contaba el tío Delfín, el padre de José Luis.

        Todos sabemos que Valdevarnés tenía una importante tradición vitivinícola, como atestiguan las numerosas bodegas y los restos de lagares que aún perduran. En aquellos años había un hombre muy religioso al que le gustaba especialmente el vino. Este buen personaje ansiaba llenar los cubetes en las mosterías y se relamía cada vez que los tiradores de vino con sus pellejos se acercaban a su bodega a acarrearle lo que le correspondía según la uva aportada al lagar común.

        Los tiradores, después de comerse su “arenca” se llenaron de buen humor y se propusieron hacer jurar al buen religioso amante del vino. Cada vez que echaban del pellejo el vino al cubete le tiraban un poco fuera. El dueño del vino se estaba poniendo morado, como su vino, y le decía a cada tirador:

        - ¡Que lo varcias!

        Así anduvieron un bien rato y el hombre proseguía con sus lamentos:

        - ¡Que lo varcias, recielo!

        La provocación continuaba. Hasta que ya no pudo más, y con una voz tronadora en el fondo de la bodega, cuando ya le tenían harto de tanto vaciarle el vino del cubete fuera, gritó fuera de sí:

        - ¡Me cagüen Dios! ¡He dicho que lo varcias!

        Por fin los tiradores habían conseguido que echara un buen juramento el paisano religioso aficionado al vino.